Aborto: una práctica sanitaria ‘de alto riesgo’

SANTIAGO BARAMBIO  El País. es  29/06/2009

Todas las mujeres que acceden a un aborto provocado tienen un motivo para interrumpir su gestación, pero algunas veces las circunstancias son tan determinantes que prácticamente “ahogan” la voluntad de algunas de ellas.

Hablamos de mujeres que desearon su embarazo, que pusieron en marcha un proyecto vital y a las que una patología fetal o maternal grave truncó sus expectativas, hablamos de mujeres prisioneras de circunstancias difíciles de superar…Coyunturas vitales que existen detrás de las interrupciones “tardías” realizadas por el Dr. George Tiller en el tercer trimestre, y por las que fue asesinado el pasado 31 de mayo.

De la atención a las mujeres inmersas en estas situaciones tan lacerantes entendía muy a su pesar nuestro compañero. A él, como a muchos de nosotros, le hubiera gustado no tener que atender estos casos difíciles, emocionalmente complejos. Pero esos casos existen, esas mujeres son reales y alguien lo suficientemente comprometido con su salud sexual y reproductiva les ha facilitado su apoyo durante años. No es un camino fácil, no es una decisión cómoda, tan solo es un compromiso que como profesional puedes adquirir o no.

Gracias a la labor del Dr. Tiller, cientos de mujeres cada año pudieron enfrentar un diagnóstico de inviabilidad fetal. Cientos de mujeres pudieron evaluar si continuaban o no su embarazo tras conocer que su hijo/a presentaría patologías graves que le condicionarían para siempre, cientos de mujeres tuvieron la oportunidad de decidir sobre su vida en una gestación de alto riesgo o valorar si estaban dispuestas a sufrir como consecuencia de su embarazo graves secuelas.

Los profesionales de los centros acreditados en España nos sentimos cada día más cerca de George Tiller porque cada vez resulta más complejo dar una oportunidad a las mujeres que deciden interrumpir su gestación, cada vez más difícil atender los casos vitalmente más complejos. Difícil atender esta demanda social y sanitaria en medio de las amenazas, las denuncias, los asaltos constantes a la propiedad, las agresiones morales, psicológicas…

George Tiller también sufrió este preámbulo inicial contra él, contra sus compañeros y contra las mujeres. El índice de agravios “sistemático” de los grupos antielección fue escalando posiciones cada vez más agresivas sin que las autoridades “pareciesen percatarse” de la virulencia que iban adquiriendo, tal vez la actitud demócrata, sosegada y respetuosa de las denuncias de Tiller no ayudó “a tomar conciencia”. Todos conocemos cual ha sido el desenlace de esta “novela negra norteamericana”.

ACAI pidió y sigue pidiendo tanto a los detractores del aborto como a los que defienden el acceso a este derecho básico, que la legalidad y el respeto fueran constantes en las acciones de unos y otros para la consecución de sus legítimos objetivos. Un llamamiento no secundado por los dirigentes de las plataformas antielección, quienes ante el acoso de sus bases a profesionales y mujeres han decidido “esconder la mano”.

Resulta ciertamente lamentable que la sistematización del acoso contra mujeres y profesionales se haya convertido en algo que de tan rutinario sea considerado como “normal”. Nosotros no podemos considerar “normal” que periódicamente grupos de incontrolados se concentren delante de los centros para impedir el acceso de las mujeres, no podemos considerar normal que trabajadores y profesionales sean perseguidos y amenazados verbal y físicamente. No podemos considerar normal estas y otras intimidaciones que afectan al funcionamiento ordinario, que menoscaban la seguridad de las usuarias y de los trabajadores y que pueden llegar a afectar a la calidad de la prestación.

Nada hay menos deseable para nosotros que dejar de atender la demanda social, médica y sanitaria de más de 100.000 mujeres en nuestro país. Una demanda con la que estamos comprometidos porque detrás de las cifras hay rostros, hay vidas, hay mujeres jóvenes, inmigrantes, mujeres normales, como todas, mujeres que incluso se manifestaron en contra de su propio derecho a decidir hasta que “sus circunstancias” hicieron de su caso un caso “distinto”.

Antes de que la situación haga inviable la práctica de esta prestación nos vemos obligados a evidenciar este acoso sistemático. El próximo día 1 de julio los 35 centros que integran ACAI y otras clínicas acreditadas más mostraremos nuestra solidaridad con nuestro compañero George Tiller y no realizaremos intervenciones de Aborto Provocado. Ese día pediremos al Ejecutivo “protección” para las usuarias, para nuestros trabajadores, para los médicos, sanitarios, ATS, personal administrativo…pediremos a los jueces que simplemente se cumpla la ley de un estado democrático.

A medida que avanza una tramitación legislativa que busca la normalización del Aborto Provocado, se recrudece la ofensiva antielección. No debemos tolerarlo, no podemos permitir que un derecho básico sea secuestrado por la vía del extremismo moral, del fundamentalismo religioso. No por más tiempo.

Santiago Barambio es presidente de ACAI (Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción del Embarazo).

 

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