05 may 2016

Las católicas que defienden el derecho a abortar

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Diez años del aborto como un derecho

Las católicas que defienden el derecho a abortar

Escrito por Daniela Franco García — @danielafrancog

El Espectador.

“Católicas por el derecho a decidir” es una organización conformada por más de diez países de Latinoamérica. Sandra Mazo, su directora, explica por qué es necesario cambiar la concepción de la iglesia y cómo desde el derecho canónico se sustenta el aborto.

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“Somos católicas, somos mujeres que disfrutamos de nuestros derechos sexuales y reproductivos y decidimos sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas”. Esto es lo que responden las mujeres de “Católicas por el derecho a decidir” cuando se les pregunta cuál es su visión. Nacieron hace un poco más de 15 años en Colombia, inspiradas en el colectivo que lleva su mismo nombre y que hoy está en más de 10 países de Latinoamérica. Son, entonces, unas “mujeres de Dios” que quieren alzar su voz ante el “patriarcalismo de la iglesia” y dar una mirada de mujer a esta institución. Para otros, sin embargo, son pecadoras que van en contravía de los principios de la religión católica.

Sandra Mazo dirige la organización, es lingüista y politóloga. También es madre de dos hijos y afirma, como muchas de las mujeres del colectivo que lidera, que su objetivo no es otro que aportar una mirada teológica, pero sobretodo crítica a los derechos de las mujeres. “Nos asumimos como mujeres de fe, pero con muchas críticas a algunas doctrinas que tiene la jerarquía eclesiástica”.

En entrevista con El Espectador, Mazo explica cuáles son los sustentos de su organización para apoyar la determinación del aborto y cuál es su visión diez años después de la despenalización de este en las tres causales específicas.

Ustedes afirman ser partidarias de una “teología progresista”. Explíqueme de eso.

Hubo tanto patriarcalismo en el proceso de iglesia que siempre eran hombres decidiendo por las mujeres, sobre todo en el ámbito de la sexualidad y reproducción. Buscamos un diálogo con la iglesia católica y mostrar que los tiempos han cambiado, y que debe así mismo cambiar su visión de nosotras, del cuerpo, de la vida.
A través de la serie animada “Catolicadas”, la organización reivindica los derechos de las mujeres. Catolicas por el Derecho a Decidir

La creencia riñe con las políticas públicas. El Estado avanza dando más derecho a las mujeres o a las parejas del mismo sexo y entiende que la sexualidad es un derecho humano y que las mujeres pueden, por ejemplo, planificar y decidir cuándo ser madre o no serlo. Pero la iglesia sigue anclada en un discurso que no es para la feligresía, se opone a los métodos anticonceptivos, pero la mayoría de católicos y católicas los usamos. Pensar en una teología progresista es eso, tomar esas ideas de atrás y verlas renovadas. Sabemos que son discursos muy distintos, pero eso no nos hace menos católicas.

Usted habla de argumentos basados en la misma iglesia para sustentar sus convicciones. ¿Cuáles son?

Nos apoyamos en los principios de la libertad de conciencia y el probabilismo, que indica que donde hay duda hay libertad. Aterrizando esto en el tema del aborto lo que vemos es que cuando una mujer católica toma la decisión de practicarlo, lo hace basada en su conciencia y su conciencia le dice que abortar es una forma de hacer un mal menor, y aquí viene otro principio de la iglesia.

El mal menor enfocado en este tema nos lleva a concluir que sabemos que el aborto no es una decisión que se toma a la ligera, una mujer que decide abortar sopesa muchas cosas y tiene un dilema moral muy grande que debe afrontar, pero al hacer un balance toma una decisión moral basada en su libertad. Ella, entonces, decide aplicar el mal menor, que es evitar un embarazo porque, quizá, ese hijo esté en una de las tres causales despenalizadas, porque la abusaron, su vida está en riesgo, etc.

¿Qué pasa con el derecho canónico?

En palabras simples es como el código penal que tenemos en nuestro Estado. El aborto está considerado en el derecho canónico, que también tiene dos cánones que contemplan eximentes y atenuantes de la pena de excomunión. Cuando se comente lo que ellos llaman el “pecado del aborto” nosotras miramos el canon 1323 y 1324 y nos damos cuenta que están implícitos como eximentes, además de las tres causales despenalizadas, una cantidad de cosas que incluso llegan a ser más progresistas que el código penal colombiano.

Al leer bien se entiende que la mujer no comente un pecado que la lleve a ser excomulgada cuando, por ejemplo, es menor de 14 años, cuando desconocía que infringía una ley, cuando lo hizo bajo presión, entre otras cosas. Uno lee todas esas razones que están en los eximentes del código canónico y concluye que son las mismas razones por las que las mujeres abortan. Si hacemos una hermenéutica juiciosa de ese texto, entendemos que la iglesia sí perdona a las mujeres que abortan y que no tiene que excomulgarlas. No configuraría un pecado y no serían excomulgadas según la propia iglesia.

¿Cómo ha sido la respuesta de sectores católicos conservadores?

Es difícil. La reacción de los sectores más atrasados, conservadores y retardatarios no es tan positiva, a ellos les cuesta mucho aceptar y, sobre todo, respetar que hay católicas que estemos poniendo un discurso distinto y que estemos interpelando a esta iglesia. En vez de construir ese diálogo respetuoso, muchos sectores de la iglesia han desprestigiado nuestro trabajo. Lo que hacen es estigmatizarnos, pero también siento que hay un reconocimiento, y que aunque no están de acuerdo, saben que existimos y que somos una voz crítica.

¿Están de acuerdo con el aborto solo en las tres causales aprobadas por la Corte?

En ningún momento decimos que defendemos el aborto, lo que defendemos es el derecho de las mujeres a decidir, decidir también frente a su vida, su sexualidad. Queremos mostrar que las mujeres cuando abortan toman una decisión muy responsable frente a su vida y que en cualquier circunstancia, más allá de las causales despenalizadas por la corte, si una mujer decide abortar debe respetársele ese derecho. Por eso tampoco le ponemos límite al tema del aborto, porque hay muchas circunstancias que no están contempladas por las que mujeres abortan y por las que no deberían ser condenadas ni desde la iglesia, ni desde el Estado.

Uno de los argumentos principales de quienes no están a favor del aborto es que se está violando el derecho a la vida y que desde la gestación ya hay vida…

Reconocemos en el producto de la gestación que hay una vida en potencia. Pero no podemos hablar de una persona, sino de una vida en potencia que depende del cuidado de la mujer para que se pueda desarrollar bien. Pero hay circunstancias que impiden que ese cuidado se lleve a cabo correctamente, circunstancias legítimas que llevan a interrumpir el embarazo porque, quizá, no era viable, porque se iba a morir el feto, o porque pone en riesgo la vida de la mujer. Reitero, no desconocemos que hay vida en potencia, pero lo que defendemos es la vida que ya existe, que es la de la mujer y que tiene un valor muy importante.

Usted es mamá. Muchos de los que no están de acuerdo con el aborto señalan que hasta que no se siente el amor de madre, no se puede adoptar una posición clara frente al tema del aborto…

Desde que fui mamá entendí y valoré más la decisión que toman muchas mujeres de abortar. La opción de ser madre, así como la de no serlo, es de mucha responsabilidad y nada más bonito que tener un embarazo planeado, deseado, tener los meses de gestación como un momento de placer, de vida. Ahí fue donde yo entendí que no es tan natural la maternidad, que eso que dicen de que uno es madre por instinto no es tan cierto y que uno lo aprende y lo hace por gusto. Cuando el embarazo es impuesto, cuando es producto de una violación, ser madre ya no es un disfrute. El embarazo no puede ser una obligación.

Muchos dicen que legalizar el aborto abrió la puerta a abortos clandestinos. ¿Qué opina de esto?

Lo que creo es que la despenalización del aborto en las tres causales, al contrario, permitió que el Estado asumiera de una manera abierta y legal la posibilidad de que las mujeres accedan a esta opción. El problema es el estigma que hay frente al tema y las barreras que han puesto las instituciones prestadoras de servicio para hacer el procedimiento de una manera digna o cálida. Se promueve la clandestinidad en la medida que el Estado no cumple su obligación, porque si éste preparara toda la infraestructura necesaria para la mujeres que están en esa situación, ellas se sentirían más protegidas frente a un procedimiento que es incluso más sencillo que un parto.

Han pasado diez años desde la despenalización parcial. ¿Cuál es el panorama hoy?

Diez años después tenemos cosas que exaltar y criticar. Se puso el tema en la opinión pública desde diferentes miradas, para mí eso es muy positivo, porque antes de estos diez años hablar del aborto era muy complicado en el país. El estigma de la influencia religiosa era muy fuerte y hoy por hoy se puede decir que se habla del tema, no solo desde una visión religiosa, sino desde una de salud, una visión de justicia y una más cercana al género, mirándolo de una manera más humanista.

¿Que si sigue el estima? Claro, eso es muy triste, es muy triste que el Estado sea uno los principales responsables para que la mujer no pueda acceder a un derecho de una forma más fácil y más sensible. Es muy triste que aún se utilice mal la objeción de conciencia, que las instituciones objeten conciencia como si las paredes la tuvieran. Ahora, respecto a las organizaciones de mujeres como nosotras nos ha tocado pedalear mucho para ampliar el tema más allá de las tres causales o, al menos, para socializar el tema y que la gente conozca la sentencia que despenaliza el aborto en tres situaciones.

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