19 jun 2013

“La ideología de que las mujeres estamos para parir no es una vuelta a 25 años atrás, sino a hace siglos”

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“La ideología de que las mujeres estamos para parir no es una vuelta a 25 años atrás, sino a hace siglos”

De la poesía o la novela al teatro o el ensayo, la obra de María Xosé Queizán es uno de los pilares fundamentales del pensamiento feminista gallego. Hablamos con ella de toda su obra, aprovechando para preguntarle por la reforma de la ley del aborto propuesta por Gallardón.

Montse Dopico

DIARIO. ES 17/06/2013 – 16:33h

 

María Xosé QueizánDiario.es

María Xosé Queizán

De la poesía o la novela al teatro o el ensayo, la obra de María Xosé Queizán es uno de los pilares fundamentales del pensamiento feminista gallego. Hablamos con ella de toda su obra, aprovechando para preguntarle sobre un tema muy de actualidad, la reforma de la ley del aborto propuesta por Gallardón.

La Plataforma Galega polo Dereito ao Aborto ha denunciado que la reforma de la ley del aborto “no sólo es un retroceso de más 25 años en los derechos de las mujeres, sino que supone volver al momento en que las que podían viajaban al extranjero para abortar o lo hacían clandestinamente”. ¿Qué piensas sobre esto?

Pues las cosas han cambiado bastante, y dudo que todo fuera a ser igual que hace 25 años. En cualquiera caso, con el tema del aborto se producen ciertas contradicciones. Las mujeres tenemos que reivindicar el derecho a la enseñanza gratuita, el derecho a la igualdad en el trabajo… pero al reivindicar el derecho al aborto gratuito no dejamos de presentarlo como algo positivo, y no lo es. Las mujeres no queremos abortar, lo que queremos es no quedarnos embarazadas si no lo deseamos. Lo que ocurre es que, claro, se dan situaciones como las violaciones, o que quedes preñada cuando no quieres, y entonces tienes que recurrir al aborto. De todas maneras, las mujeres de hoy tienen mucha más información de la que teníamos antes, por lo que quedar embarazada también puede ser consecuencia de una insensatez, por lo que habría que incidir ahí. Más allá de todo eso, a mí el hecho interrumpir el proceso de desarrollo de un huevo no me parece nada importante. Las mujeres tenemos derecho a hacer lo que queramos con nuestro cuerpo. El problema fundamental está en la Iglesia, que nos dice barbaridades como que un huevo es una persona. Acabarán asignándole un número de DNI a un embrión. El huevo son unas células que pueden llegar a ser un ser humano o no. Y por supuesto que estoy muy en contra de toda esa propaganda y toda esa ideología de la Iglesia que considera que las mujeres están para parir. Y eso no es un retroceso de 25 años, sino de mucho más, de mucho siglos.

Los cambios en la ley del aborto llegan en un contexto muy determinado: el de la Ley de la Familia, los recortes en la Ley de la Dependencia, el protagonismo dado a la Red Madre...

Sí, porque todo es parte de un proyecto. La Iglesia quiere recuperar el poder que tuvo en el franquismo, en el tiempo del nacional-catolicismo. Y para conseguirlo aprovecha el gobierno del PP. La idea es manipular a las mujeres, convencerlas de que están para parir, y de ahí a vender bebés hay un paso, tampoco hay que olvidarlo. Yo no creo, por otra parte, que la familia esté en crisis, como considera la Ley de Familia. Todo lo contrario. Cuando comenzó el movimiento feminista hablábamos de que la familia tenía que desaparecer. Porque la familia recluía a la mujer en el mundo privado, haciendo de ella trabajadora y paridora gratis, y encargada de que el hombre, que sí sale al mundo público, lo haga siempre recuperado física y psicológicamente. Este papel tradicional de la mujer tenía que desaparecer, y por eso la familia es la principal enemiga de las mujeres. Pero, claro, la mayoría de las mujeres no quieren aceptarlo así, porque están alienadas. Decía Victoria Sau que “madre no hay más que ninguna” porque la maternidad quedó reducida a lo biológico. Habrá madres cuando haya derecho a decidir. Y lo biológico nos conecta con la animalidad. En los nueve meses en que estás embarazada, somos como animales, cuerpos en los que se desarrollan procesos que no controlamos. Y de todo esto ya hablaba Simone de Beauvoir… Yo tuve una hija, y fue criándola, y no pariéndola, como le cogí cariño.

No parece, tampoco, que retroceda la familia como institución cuando es una de las principales estructuras que está sosteniendo la sociedad en un momento de desempleo brutal y desmantelamiento del Estado de Bienestar. Y a lo mejor eso puede ayudar a explicar, mejor que la teoría del dinero negro de los parados, por que esto no ha explotado… ¿Qué opinas de esto?

Yo creo que el poco desarrollo de la revolución proletaria en Galicia tiene que ver con lo que ya dijo Lenin: es una sociedad simbiótica, en la que se tiene una casa con una huerta y animales al mismo tiempo que se trabaja en una fábrica. Yo digo en broma que en Vigo tenemos Vigo Hills, que es más interesante que Beverly Hills. La sociedad gallega, que es abierta, tolerante, progresista y avanzada para unas cosas, tiende a ser conservadora a la hora de votar. Y tiene que ver con eso: la gente proletaria también es propietaria. Los trabajadores tienen propiedades, casas no precisamente pequeñas. Y muchos votan conservador.

Todos tus ensayos, y en general todos tus libros, -por ejemplo, tu última novela, ‘Meu pai vaite matar’ ,- reivindican un feminismo racionalista frente al patriarcado. La razón frente a la opresión. Es un proyecto ilustrado, -moderno y no postmoderno-, pero focalizado sobre las mujeres, que fueron olvidadas por la mayoría de los autores de la Ilustración…

La Ilustración fue un fracaso en el sentido de que no tuvo cuenta las mujeres. Pero fue un éxito en el sentido de que hubo personas como Mary Wollstonecraft que partieron de los valores de la Ilustración: la razón, la libertad, la igualdad… para reivindicar los derechos de las mujeres. Y así nació el feminismo, que es pensamiento ilustrado. Hoy se habla de feminismos, en plural, y a mí me parece un error, como me parece un error hablar de marxismos. El feminismo es uno, aunque luego tenga derivaciones. Y debe ser racionalista.

No hace tanto que Afonso Becerra llevó a escena tu texto ‘Neuras’. En él las haces de la objectualización del cuerpo de las mujeres, que es uno de los temas que el feminismo siempre tuvo presentes. ¿Sigue siendo una de tus principales preocupaciones actuales?

El personaje transexual de Neuras se entera, al comenzar a vivir como mujer, de que las mujeres son tratadas como cuerpos sin cerebro. Las mujeres respetamos a los hombres y no se nos ocurre hacer chistes sobre sus órganos sexuales. Hay hombres que dicen que las mujeres están para ser violadas, o que le llaman “chochito de oro” a una ministra. Y este comportamiento degradante y espantoso no es considerado por algunas personas motivo suficiente para la dimisión de un político. Porque, en el fondo, piensan lo mismo. Lo que ocurre es que las mujeres conseguimos que, por lo menos, haya unas normas en el espacio público. Una cosa es la moral privada y otra la pública, pero si conseguimos que se respeten unas normas por lo menos en el ámbito público, irán cambiando las mentalidades también en el ámbito privado. Por eso es muy importante lo que se diga en público. Otro problema fundamental, en mi opinión, es que las mujeres están muy influenciadas por el sentimentalismo, por la ideología del romanticismo. Incluso se dice “sentir” en lugar de “pensar”. En realidad, los sentimientos son algo muy primitivo, y la mayoría de ellos son negativos: rabia, odio, envidia… Pues en lugar de enterarnos de esto idealizamos los sentimientos. Por otra parte, los sentimientos son variables, a través de la historia y del mundo. Y lo que hace que avancemos no son los sentimientos, sino la razón. Es la razón la que debe decidir que es lo “normal”. En el pasado se hicieron auténticas barbaridades consideradas en su tiempo normales, como llevar a los niños a ver las ejecuciones públicas en primera fila.

La crítica del sentimentalismo es, de hecho, uno de los principales objetivos de tus libros. En el prólogo de ‘A orella no buraco’ decías que era propio de colonizados. En ‘Ten o seu punto a fresca rosa’ una mujer enferma porque era tal su dependencia del amor que su pérdida la destruye. En esa novela hablas del modelo del amor místico que se impuso: la entrega absoluta, el vaciado de sí, la identidad propia que se construye alrededor de él… ¿Sigue siendo tanto así?

Es cierto que se ha construido una idea del amor como algo femenino, con una imagen de la mujer entregada y abnegada que le viene muy bien a los hombres maltratadores, pues se decía que la entrega tenía que ser total a pesar de que te tratara mal o que estuviera con otra mujer, porque el amor tenía que poderlo todo. Aunque creo que ahora la gente es más sensata y no se deja llevar tanto por esas cosas. En el tiempo que ahora se pasa de noviazgo, en mi generación ya estábamos divorciadas y con hijos. Creo que, ahora, en general, hay otro concepto.

Los conflictos del personaje transexual de ‘Neuras’ no tienen que ver con los de Juanjo de ‘A semellanza’. Tus obras fueron de las primeras en hablar, en nuestra literatura, de sexualidades no heteronormativas. En ‘Meu pai vaite matar’ aparece el lesbianismo, y no problematizado. ¿Ha cambiado tu visión sobre estas cuestiones o sólo quieres reflejar lo que la propia sociedad cambió?

Juanjo era un personaje que también estaba influenciado por el sentimentalismo, con su parte de entrega total… De todas maneras, lo que quise subrayar en ‘A semellanza’ fue que para comportarse como hombre o como mujer no es necesario tener órganos sexuales masculinos o femeninos. Tener relaciones sexuales con hombres o con mujeres es una cuestión de atracción y no de si una persona tiene unos órganos sexuales u otros. El personaje transexual de ‘Neuras’ es otra cosa: su problema es como lo tratan como mujer. Porque esa es la cuestión, y es social y no biológica, física. No es que yo haya cambiado de opinión. Sí es cierto que la sociedad ha avanzado, pero yo pienso que en eso hasta la ley puede estar más avanzada que las personas. La ley española permite cambiar el nombre en el DNI sin necesidad de demostrar si tienes un pene o una vagina.

En todos tus libros hay protagonistas femeninas que se rebelan contra los roles que les imponen. Tu ‘Antígona’ gallega se enfrenta con el poder, Diana de ‘Meu pai vaite matar’ se libra de un hombre que la maltrata, al igual que la joven de Ten o seu punto a fresca rosa se enfrenta con su padre pederasta. La idea es, supongo, que sí se puede…

Es que para eso escribo. Y hablo de mujeres que existieron en el pasado o de mujeres del presente, pero mujeres que sí, que se rebelaron contra lo que les era impuesto. Es cierto que los hombres no suelen hacer a mujeres protagonistas de sus novelas. O que cuando lo hacen lo hacen muchas veces siguiendo un paradigma determinado de mujer. Hablabas antes de mi modo de tratar el tema del lesbianismo. En ‘Meu pai vaite matar’ la cuestión no es que Diana y Odile sean dos mujeres. No es que la pareja de Diana sea un hombre o una mujer. La cuestión no es esa, sino tener una relación igualitaria o no. Lo que ocurre es que, como en la literatura, en general, parece que las lesbianas no existen, yo hago que existan, y lo hago deliberadamente. Parece que en la vida real sólo existen las parejas heterosexuales, y desde luego no es así.

En relación con eso, tu proyecto poético tiene mucho que ver con recuperar la palabra de las mujeres. La palabra que se les negó en la historia. Los hombres como dueños de la palabra están en Fóra de mí, como en ‘Metáfora da metáfora’ está el falso amor a mujeres inventadas, idealizadas, mitificadas pero negadas como sujetos.

Es que así fue en la historia. Los hombres eran los dueños de la palabra. La palabra de la mujer era despreciada, considerada cháchara… Porque la palabra que se valoraba era a palabra pública, la de las leyes, la del espacio público que les era vetado a las mujeres. A las mujeres les correspondía sólo la palabra dirigida al marido, a los hijos, la de la expresión de los sentimientos. La palabra fue masculina y tenemos que recuperarla. Pero creo que en eso el feminismo no va por buen camino. Creo que no es necesario decir “niños y niñas” cuando podemos decir “infancia”. No hace falta decir “buenas tardes a todos y todas” cuando podemos decir “buenas tardes”. Incluso antes se decía más “médica” que ahora. No sé cual puede ser la solución, pero a mí el el/la no me convence.

Otra cuestión que has tratado mucho en tus libros es el de la lucha antifranquista y la represión, como en ‘Cólera’ y ‘Sentinela alerta!’. En ‘Amor de tango’ hablas de una manera de represión que sufrieron las mujeres tras el golpe del 36, que fue obligarlas a volver al rol tradicional de esposas y madres después de los avances de la República…

Que es lo que quiere Gallardón: que las mujeres vuelvan hacia atrás.

Ese es el tema. ‘Amor de tango’ resulta muy actual en ese sentido. La doble moral de la sociedad, las prostitutas explotadas y culpadas de su situación, la trata de blancas de la emigración y en general la sensación de las mujeres de estar siendo obligadas a volver atrás…

La situación no es igual. Ahora las inmigrantes llegan con una carrera, no tienen las mismas posibilidades de acabar siendo prostitutas. Pero sí creo que hay una vuelta atrás, en general, en el tema de la sexualidad. Era una cuestión fundamental cuando comenzó el feminismo, y creo que después se fue torciendo. Kate Millett hablaba de liberación sexual, pero yo creo que fue la sexualidad masculina la que finalmente prevaleció. Sólo hay que ver lo que está pasando con las chavalas de trece años. Parece que para ellas el coito es un deber, para no ser rechazadas. Se habla de poner vacunas contra el papiloma, pero sólo a las chicas… Creo que las relaciones sexuales siguen entendiéndose en términos patriarcales. Llegan chicas a los hospitales con desgarros, y no se atreven ni a contárselo a sus padres. Lo que llaman educación sexual se reduce a aprender a usar un condón y a no quedar preñadas, como si coito fuera igual a procreación. Y, no sé, o se produjo un cambio entre clítoris y vagina, o no entiendo como se puede hablar de placer si se entienden las relaciones sexuales al modo patriarcal. Parece que decir “yo me follo la ese tío” es más progresista y más moderno. Y yo me pregunto si lo que no estará haciendo quien habla así es ponerse para ser follada. Como las mujeres que fingen orgasmos, pues parece que es peor reconocer que no se siente placer que que se tienen relaciones sólo para satisfacer al otro. No sé, creo que en eso no hemos avanzado nada, y que el feminismo tendría que replantear su discurso.

Cuando escribiste en los años 70 ‘A muller en Galicia’ causaste más de una polémica al comparar la opresión de las mujeres con la de la lengua y con la del país. Desde entonces han publicado muchos ensayos y en algunas cosas tu pensamiento fue cambiando. ¿Cuáles son las principales cuestiones que fuiste revisando con el tiempo?

Hay cosas que dije en mis libros que se han quedado desfasadas, como la propia descripción de la vida de las mujeres gallegas que hacía en ese libro. Hay aspectos que cambiaron y otros que no. Pero, en general, creo que me engañé cuando me aproximñe al feminismo de la diferencia. Cuando comenzamos con la Festa da Palabra Silenciada también tuvimos algunas diferencias. Yo pensaba que teníamos que hacer una revista, salir a la calle, legalizarnos como asociación y así poder recibir apoyo para hacer la revista… Me fui decantando por el feminismo de la igualdad. Tenemos que reivindicar los mismos derechos, una equiparación. La diferencia sí está bien para reivindicar la lengua, por ejemplo, pero eso es otro tema…

Cuando antes hablabas de la familia, me recordabas a los discursos de la teoría queer y otras corrientes de pensamiento con las que no te identificas para nada, y que revisaron aspectos concretos del feminismo. Pero sí que puedes compartir cosas con ellos, como la reivindicación de otras formas de relacionamiento, más allá de la familia tradicional.

En realidad los hombres tuvieron siempre otras opciones. Los reyes y aristócratas podían tener otras mujeres, además de aquella con la que casaban. Y los hombres de clase baja recurrían a la prostitución. Eran las mujeres las que no tenían otras opciones. Hay que recordar que en el franquismo una mujer podía ir a la cárcel por adúltera. Pero eso no les pasaba a los hombres. Y pasaba, y sigue pasando, que el hombre era adúltero y la mujer no. La cuestión es que puedes amar a quien valoras y respetas. Y ese es uno de los motivos por los que el feminismo reivindicó el lesbianismo: si valorizas a una mujer puedes enamorarte de ella, y tener una relación basada en la igualdad y en el afecto. Y yo creo que eso es mucho más placentero, además.

La manifestación por el tema del aborto es una de las propuestas comunes que ha articulado el heterogéneo feminismo gallego. La Marcha Mundial das Mulleres funcionó como aglutinadora, pero el feminismo está ahora, parece, más organizado como pequeños colectivos que aparecen y desaparecen. Algunos especialmente valientes: incluso se enfrentan con violadores con nombres y apellidos…

Yo creo que la Marcha Mundial tenía un gran potencial, pero se metieron los partidos políticos por medio y eso no fue bueno. También hay aspectos de la Marcha Mundial que tienen que ver con el feminismo de la diferencia y que yo no comparto. Somos asociaciones diferentes con criterios diferentes, y veo normal que cada una trabaje según sus criterios y en áreas específicas. Pero claro que podemos confluir en proyectos conjuntos, como la Plataforma polo Dereito al Aborto. Y sí es cierto que hay gente joven haciendo cosas, y yo estoy encantada, pero creo que muchas veces les falta memoria de lo que ya se hizo, y entonces les parece que están descubriendo lo que lleva ya mucho tiempo descubierto. Y sí es verdad que hacen cosas que nosotros ni nos atrevíamos a hacer. Pero también es cierto que internet ha cambiado muchas cosas, y que permite hacer cosas antes impensables.

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