04 dic 2013

La élite de los seropositivos

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SIDA Pacientes protegidos del VIH

La élite de los seropositivos

  • En un 10% de los casos, el cuerpo controla al VIH sin necesidad de recibir ninguna terapia

EL MUNDO
SEAN MACKAOUI

El médico Josep Llibre, de la unidad de VIH del Hospital Germans Trias i Pujol de Barcelona y la Fundación Lucha contra el Sida vio a su primer controlador de élite hace 12 años. Era un hombre que había llegado a su consulta con un positivo en la prueba del VIH pero, cuando le hizo un análisis para saber su carga viral, vio que la presencia del virus en su sangre era casi nula. “Era como si estuviera sano y pensé que era un error, por lo que mandé repetir la serología [el test del VIH]”, recuerda Llibre que reconoce que, por aquel entonces, no sabía prácticamente nada sobre este tipo de pacientes.

Tras buscar bibliografía, todo le llevó a Bruce Walker, un investigador que ejercía en el Ragon Institute, un centro dependiente de la Universidad de Harvard. Este hombre, el mayor experto en controladores de elite del mundo y el que identificó al famoso paciente 161J- el sacerdote y activista social Bob Massie, que adquirió el VIH en una transfusión y sigue sin rastro del virus 35 años después de la infección- dio a Llibre todo tipo de información sobre este peculiar tipo de pacientes, que se calcula son uno de cada 300 seropositivos.

“En realidad, es algo que pasa con muchas otras infecciones, como con el sarampión o la varicela. Las adquieres, las pasas y luego estás protegido frente a ellas en el futuro”, explica Llibre. Eso es lo que le pasó a Santiago (nombre ficticio), un médico colombiano que en 2010 se encontraba en Barcelona estudiando cuando recibió una llamada muy poco deseada: su ex novio le confesó que era seropositivo. Él acudió al BCN Checkpoint, un centro de detección del VIH que lleva en Barcelona la ONG Hispanosida y allí le confirmaron que también tenía el virus. “Pasé por todas las fases del duelo y pedí cita en el hospital para que me dijeran cuándo tenía que empezar con el tratamiento”, Santiago no había oído hablar de los controladores de élite y confiesa que no tiene una explicación para lo que le pasa. “Es verdad que de pequeño no me resfriaba casi nunca, pero no sé más”, indica.

Un caso similar vivió Tomas, un holandés residente en Barcelona desde hace casi 20 años, que también prefiere ocultar su apellido. “Digan lo que digan, la gente todavía tiene en la cabeza la imagen del seropositivo de la película Philadelphia“, comenta. Tomas señala que siempre utilizaba preservativo (“era incluso un poco paranoico”, afirma) y hoy en día no sabe cómo adquirió el virus. No recuerda exactamente el momento en que le dijeron que era controlador de elite, pero ya lleva cuatro años desde que ese primer test del sida, también en BCN Checkpoint, le dijo que era seropositivo. Año y medio después, su médico le dijo literalmente: “Creo que esta enfermedad no pinta nada en tu cuerpo”. Tomas no las termina de tener todas consigo y reconoce que va nervioso a las pruebas semestrales y que se preocupa si algún día se encuentra más cansado o tiene fiebre. Como Santiago, tampoco sabe por qué pertenece a esta élite pero, por si acaso, se cuida. “Hay carga genética pero, si te cuidas, será mejor“, deduce.

Para Llibre, a estos pacientes “les ha tocado la lotería”. “Es algo que no solo tiene implicaciones para su propia salud, tampoco trasmiten el virus a sus parejas ni a sus hijos“, señala. También aclara que ni él en su consulta ni ningún estudio clínico ha descubierto alguna característica que pueda predecir quién será controlador de elite. “Se ha estudiado todo, si toman vitaminas, el tipo de dieta… y nada”, destaca.

Sin embargo, la ciencia sí sabe datos sobre esta élite de seropositivos, como explica Christian Brander, director científico del IrsiCaixa-HIVACAT y profesor de la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados (iCREA), que maneja una cohorte de 38 controladores de élite. Brander recuerda que la primera vez que se oyó hablar de estos pacientes fue con la llamada Cohorte de la Ciudad de San Francisco, dirigida por la investigadora de la UCSF Sudan Buchbinder. “En primer lugar, está la llamada elasticidad viral. Puede ser que si te infectas con un virus débil, tu sistema inmune lo pueda controlar. Esto no sería interesante para un futuro desarrollo de la vacuna, porque no se podría aplicar a todos los virus. Lo que sí es interesante es que sea el estatus inmunológico de la persona lo que provoque esa resistencia”, subraya.

En la cohorte internacional de controladores de élite, la más grande de este tipo de pacientes, se ha localizado un componente genético. En concreto los genes HLA o de histocompatibilidad son más fuertes. “Esos genes los estamos utilizando para desarrollar vacunas”, apunta Brander, cuya institución desarrolla varios prototipos de estas inmunizaciones. Otro dato que se conoce es que el sistema inmune de estas personas dirige su respuesta a posiciones particulares del virus, en concreto a GAG, VIF y RT. También se están estudiando las llamadas firmas de citoquinas, el patrón determinado que siguen estos mensajeros entre células del sistema inmune. Es algo que un investigador de la Universidad de Stanford, Tony Wyss-Coray logró utilizar para determinar las personas que sufrirán alzhéimer precoz. “Con su colaboración, estamos intentando ver si la historia se repite en los controladores de élite del VIH y ya se han visto datos muy interesantes. Se trataría de saber cómo cambiar el equilibrio de estas citoquinas”, resume Brander.

Para este investigador, la futura cura funcional contra el VIH pasa por estos peculiares pacientes. Por esta misma razón, Llibre -que no tiene tan claro que los controladores de élite sean imprescindibles para la cura, sino una vía más de investigación- señala que, en la práctica, muchos controladores de élite van al hospital más a menudo que lo que se estipula (un análisis de sangre cada seis meses). Lo hacen para participar en ensayos clínicos. “Lo hacen encantados”, señala el médico. Santiago también aportó su sangre a la ciencia.”Sé que mandaron mis muestras a Alemania, pero creo que no pudieron replicar el ADN del virus”, recuerda. Por supuesto, a Santiago le gustaría contribuir de alguna forma a mejorar la situación de otros. Mientras tanto, no baja la guardia y sigue utilizando preservativo en sus relaciones. “Me aterra una reinfección”, concluye.

Esto último es algo en lo que insisten muchos los especialistas. Aunque un individuo sea controlador de élite, el contacto con un nuevo virus de distinto tipo puede no hacer reaccionar por igual a su sistema inmune. “Les decimos que se sigan protegiendo excepto si tienen pareja estable. Hemos visto casos de pacientes que han perdido el control y que, cuando se les ha analizado, se ha visto que se habían reinfectado con otro tipo de virus”, destaca Llibre.

La ciencia todavía tiene mucho que decir sobre los controladores de elite. Brander señala por ejemplo, la curiosa observación del investigador de la Universidad de Oxford Philip Goulder. En Sudáfrica, el científico ha visto una gran diferencia entre el número de controladores de élite entre pacientes seleccionados en 2012 y otro grupo reclutado en 2012. En esta última cohorte, el porcentaje de estos seropositivos asciende al 10%. “Puede ser que el virus se esté acostumbrando a nosotros y que esté siendo cada vez menos patogénico. Si esto es así, a lo mejor en 500 años ya no necesitamos una vacuna. En cualquier caso, son datos que tenemos que analizar, saber por qué ha habido esa variación, que también puede deberse a que la población de estudio sea sesgada”, destaca.

Los otros afortunados

Además de los controladores de élite, existen otros individuos con una relación peculiar con el VIH. Los más afortunados son aquellos que no llegan a infectarse nunca, las personas con dos copias (portadores homocigócitos) de una versión mutada del gen CCR5. Suponen aproximadamente un 1% de los caucásicos europeos y el porcentaje varía según la raza. El único caso documentado de curación del VIH vino de uno de estos individuos. Timothy Brown era un seropositivo que contrajo una leucemia y recibió un trasplante de médula de un donante con la mutación. Para sorpresa de todos, se curó de su enfermedad oncológica y de la infección que llevaba años acompañándolo. Existe una empresa, Delta 32 que, por menos de 200 euros, desvela si se pertenece a ese grupo. Los siguientes afortunados son más difíciles de identificar. Se trata de los highly exposed seronegatives (HES), personas que practican actividades de riesgo y nunca llegan a infectarse. El ejemplo más utilizado es un grupo de prostitutas de Nairobi (Kenia), que describió la investigadora de la Universidad de Oxford Sarah Rowland-Jones. Por último, existe otro grupo con una relación peculiar con el VIH. Son los llamados progresores lentos o controladores virémicos, que tardan hasta 25 años en requerir tratamiento. “En muy pocos casos necesitan tratamiento”, comenta Llibre.

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