20 feb 2017

¿En qué mundo el cuerpo de una mujer embarazada es solo un anfitrión?

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¿En qué mundo el cuerpo de una mujer embarazada es solo un anfitrión?

http://www.eldiario.es/theguardian/mundo-cuerpo-mujer-embarazada-anfitrion_0_613139035.html

Tenemos que protestar contra las nuevas leyes misóginas y antiabortistas pero no debemos olvidar que las leyes cotidianas son igual de dañinas
Jessica Valenti
19/02/2017 – 19:10h

El Diario.es

Si tenías alguna duda de que los republicanos están siguiendo al pie de la letra El cuento de la criada para tratar asuntos que tienen que ver con la salud de la mujer, mira al congresista de Oklahoma Justin Humphrey, que dijo esta semana que una mujer dejaba de ser una persona a título individual una vez que se queda embarazada: es simplemente un “anfitrión”.
Humphrey, que acaba de proponer un  proyecto de ley que exige a las mujeres que quieran abortar que pidan un permiso por escrito de su pareja sexual, le dijo a un periodista de the Intercept que aunque entiende que las mujeres “sientan que se trata de su cuerpo”, se equivocan al pensar en ellas mismas como seres humanos autónomos.

“Como yo las llamo, son ‘anfitriones’… vale, tu cuerpo es tu cuerpo y eres responsable de él. Pero si después eres irresponsable no digas, bueno, puedo coger y hacer esto con otro cuerpo. La realidad es que tú eres el anfitrión y tú diste la invitación”.
El lado positivo es que al menos han prescindido de cualquier mensaje oculto.
Desde hace ya unos años el movimiento antiabortista ha dejado a un lado el discurso que califica a las mujeres de asesinas y han cambiado su táctica reivindicando que las mujeres “se merecen algo mejor” que el aborto. Pero de vez en cuando, un legislador tropieza y deja escapar la verdad: no consideran a las mujeres personas, no realmente. Simplemente somos úteros andantes, casas andantes para futuros ciudadanos. Además, resulta que si nos quedamos embarazadas es porque no hemos sido chicas buenas y “responsables”. Así que, ¿por qué deberíamos tener derechos?
La verdad es que probablemente el proyecto de ley de Humphrey de las “autorizaciones” no vaya a ninguna parte. Solo estamos oyendo hablar de ello porque la legislación propuesta y el propio Humphrey son descaradamente misóginos. Es menos probable que leamos sobre legislaciones antiabortistas más realistas y peligrosas que recorren el país porque las  leyes Trap (legislación que se aplica sobre quienes proveen abortos) y las  autorizaciones parentales parecen un tanto más aburridas.
Aunque las restricciones cotidianas en cuanto al aborto no llevan a pensar explícitamente en un futuro distópico que garantiza que exista el permiso de un hombre para llevar a cabo abortos, no hay que confundirse y pensar que esta legislación no es dañina. Todas las leyes antiabortistas –desde las que se aplican a las clínicas hasta los periodos de reflexión– provienen de la misma ideología en la que es más importante la vida en potencia de un feto que el derecho de autonomía, la salud y la vida de una mujer.
En el primer mes del año, los parlamentarios presentaron  167 proyectos de legislación antiabortista en las asambleas de los estados. Desde medidas sobre qué es ser persona, que determinan que la vida comienza con la concepción, hasta obligaciones de hacer ecografías que suponen procedimientos innecesarios para mujeres ya de por sí abrumadas.
En Texas, donde las restricciones sobre el aborto están entre las más severas del país, cientos de miles de mujeres  se han provocado ellas mismas los abortos y las tasas de mortalidad maternal se han disparado. Las personas más afectadas por esta legislación son las pobres, las jóvenes y las negras.
Así que sí, tenemos que enfurecernos con hombres como Humphrey, que despojarían a las mujeres de sus derechos y nos negarían nuestra humanidad al completo. Vamos a llamar a estos legisladores groseros y misóginos y a estos proyectos de ley por su nombre. Pero no dejemos que nuestra indignación comience y termine con los ataques obvios, también la necesitamos que nuestra indignación ante los horrores cotidianos.
Traducido por Cristina Armunia Berges

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