06 feb 2013

Día mundial contra la mutilación genital -Las dos caras de la ablación

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Día mundial contra la mutilación genital »

Las dos caras de la ablación

Assa Togo se ha ganado la vida con la mutilación durante 60 años

Con la lucha de una nueva generación de mujeres, la práctica disminuye en África

Marta Castro Madrid 6 FEB 2013 – 10:17 CET1

Assa Togo, de 75 años, vive en la comunidad rural de Tingolé, en Malí, a unos 100 kilómetros de Bamako, la capital. Tiene siete hijos y 20 nietos. Desde los 15 años se ha ganado la vida practicando la mutilación genital. Lo hizo por primera vez en Sudán, cuando buscaba un empleo con el que alimentar a su familia. Por sus manos han pasado miles de niñas a lo largo de estos años. Antes era alguien importante en la aldea, una institución, la reserva de la tradición, de la identidad cultural. Pero eso está cambiando: en algunas aldeas incluso, las personas como Assa son expulsadas.

Se acaba el negocio, se pierde la tradición. La mujer es consciente de esto: “Recibo pocas peticiones ahora, antes podía hacer unas 100 ablaciones al año, apenas hago solo un par de ellas ahora”. Los vecinos de Tingolé empiezan a mostrarse remisos ante esta práctica al evaluar los riesgos, tanto físicos como psicológicos, y ya no están dispuestos a pasar por ello.

La mutilación genital está muy arraigada en 28 países africanos y ha sido defendida no solo por los hombres, sino también por las mujeres. El trauma pasa de generación en generación, aunque últimamente se muestra como un gen recesivo.

Quizá tenga algo que ver en ello la labor de Kadi Doumbia, que vive también en Tingolé, donde aproximadamente el 98% las niñas eran sometidas a la mutilación genital. Ella misma lo fue hace años. “Destruyeron mi cuerpo a través de esta práctica abominable, he pasado un infierno”, dice. En cada uno de sus tres partos estuvo al borde de la muerte por hemorragias abdominales y una parálisis asociada.

De víctima ha pasado a heroína. En tres años, y con la ayuda de sus hermanas, ha fundado en su aldea y otros pueblos limítrofes un total de cinco asociaciones que alertan sobre los peligros de la mutilación genital femenina. Son ya 80 miembros quienes la integran. Cuenta con las autoridades del poblado, que están bastante concienciados de los peligros de la mutilación genital femenina y están convencidos de que solo conduce a la marginación de la mujer.

El éxito inicial ha empujado a estas mujeres a ser más activas. Organizan grupos de discusión, películas educativas y terapia de pareja con la ayuda de ONG locales y también de Plan, una organización internacional de protección de los derechos de la infancia local. Kanté, un colaborador de la ONG, es optimista respecto al fin de la mutilación, a pesar de que la de Tingolé es una sociedad tradicional y conservadora: “Desde hace dos años ninguna niña ha sido mutilada en el pueblo, y eso se debe a la determinación de una mujer valiente como Kadi Doumbia que ha conseguido la unión y la comprensión de toda la comunidad”.

Para Fanta, de 15 años, ya es tarde. Acude a los cursos de concienciación que se imparten en su aldea y reconoce que ha aprendido mucho en ellos. “Ahora sé que la mutilación es algo malo. Yo ya pasé por ella y lo que está hecho, está hecho, pero no quiero que mis hermanas tengan esa experiencia. Protegeré a mis hijas para que no pasen por eso”.

En África, 92 millones de niñas mayores de 10 años han sido víctimas de esta práctica que según la tradición sirve para garantizar la pureza de las mujeres, según Plan. Las consecuencias de la mutilación genital pasan desde desequilibrios en la menstruación a dificultades en el parto, infecciones urinari

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DÍA MUNDIAL CONTRA LA MUTILACIÓN GENITAL »

“La ablación no está escrita en ningún sitio, ni en el Corán”

Fátima Djarra ejerce como mediadora con familias africanas para ayudar a las mujeres mutiladas y evitar que la práctica perdure otra generación

Marta Castro Madrid 6 FEB 2013 – 10:19 CET21

La vida de Fátima Djarra es de esas que sirven para llenar un libro, uno de esos gordos al estilo bizantino, pero sin el tono frívolo. Nació en la capital de Guineea-Bissau hace 44 años. En 2004 su marido falleció y ella dejó su puesto de funcionaria en su país para emprender el viaje a Europa. Su primer destino fue Bruselas, donde vivió durante un año. Luego conoció Bilbao, donde vivía una hermana suya, y ya no la mueven de allí. Le gustó la ciudad.

Fue entonces cuando comenzó a involucrarse con asociaciones de mujeres, a compartir experiencias con mujeres que, como ella, habían pasado por la ablación. Médicos del Mundo comenzó hace años una campaña para que fueran las propias mujeres africanas las que hablaran de la mutilación y enrolaron a Djarra para hacer fuerza. “Las mediadoras somos fundamentales”, cuenta, “hablamos el mismo idioma, tanto verbal como no verbal”.

Curiosamente, Djarra recuerda su mutilación con momentos buenos: “Nos metieron en el bosque a unas 300 niñas, estábamos solas, pero bailamos y cantamos… luego llegó lo difícil”. Lo que en su cultura se llama entrar en “la sociedad secreta de la mujer”.

Por eso defiende su misión. Puede ayudar a otras mujeres porque ella ha vivido lo mismo. En su familia, como en muchas otras, la mutilación era algo beneficioso. Su propia tía la realizaba. Hoy, sus sobrinas no han pasado por ese trance. Las cosas están cambiando también en África. “La gente ya no se cree que tu hija no se vaya a casar si no la mutilas”.

Djarra sabe que hablar de estos temas con otras mujeres es muy difícil. Lo que pasa en el bosque se queda en el bosque y no se habla fuera de allí. “Nos han educado para no sufrir”. A pesar de eso, por sus manos han pasado más de 300 mujeres de muchas etnias africanas de 19 países. Reconoce que la generación presente aún está en peligro, por el choque cultural y la presión que tienen las familias cuando van de viaje a sus países. “Por eso les explicamos que en España es ilegal, y comparamos las leyes de cada país”.

“Hay africanos que aún se escudan para defender la mutilación genital en que lo pone el Corán o en la tradición, pero no es verdad, no está escrito en ningún sitio”, explica. A esas personas que aún defienden esta práctica, Djarra les aconseja que miren a las mujeres y piensen en su bienestar. Les recuerda que muchas mueren por hemorragias o en el parto o viven con secuelas psicológicas toda su vida.

Otra de sus funciones es formar a más mediadoras. Actualmente hay unas 12 vinculadas a Médicos del Mundo en toda España. Un proyecto que empezó en Barcelona en 2004. Como mediadora su función implica también a la sociedad española. “La gente a veces juzga a los africanos y su cultura a la ligera, sin saber qué hay detrás. No es fácil erradicar algo que ha sido un rito sagrado”.

Sin embargo, esta mujer luchadora mantiene alta la esperanza. Cree que pronto la gente se escandalizará con lo que hacían sus antepasados. Para eso, insiste, “es necesario que la concienciación llegue a la escuela y a la sanidad en África, y las ONG están ayudando mucho en ese proceso”.

Este jueves, Fátima Djarra estará en Madrid para compartir su experiencia en las segundas jornadas internacionales sobre la mutilación genital femenina, que organiza la Unión de Asociaciones Familiares y Mundo Cooperante. Un foro de expertos para evitar que en un futuro próximo la cifra escalofria

Entender la ablación para erradicarla

Por: Autor invitado | 06 de febrero de 2013

Por Susanna Oliver (@SusOliverP), Directora de Programas de World Vision España. Hoy se celebra el Día Internacional de Tolerancia Cero con la ¿Qué tiene una madre en la cabeza cuando lleva a su hija a una comadrona para que le extirpe parte de sus órganos sexuales, sin anestesia y en condiciones sanitarias precarias? Esto es lo que llevo años intentando comprender para poder luchar contra la ablación genital, porque pienso sinceramente que no podemos cambiar lo que no entendemos.

En el camino he aprendido y comprendido varias cosas. Como la importancia de las tradiciones en África, que en parte tienen su razón de ser en el hecho de que en países donde  conviven decenas de etnias distintas obligadas a entenderse y compartir gobierno, ven en el respeto a sus mayores, a los líderes tradicionales, a la lengua y a las costumbres propias la única forma de no perder su identidad. También aprendí que las razones por las que se practica la ablación son muchas y que, en algunos casos, el por qué se practica en una comunidad puede ser no sólo distinto, sino incluso contradictorio a  los motivos por los que se practica en otra. Comprendí que no está vinculada a ninguna religión, y que en momias egipcias de hace más de 4.000 años, mucho antes de la aparición del islam, se observa que ya se practicaba la infibulación (la forma más cruenta de ablación que consiste en estrechar la apertura vaginal, cosiendo los labios internos y a veces también los externos; en esta práctica puede también extirparse el clítoris), y que las etnias que la practican abrazan todo tipo de religiones. Y comprendí algo que me impactó mucho: son las propias mujeres las que dan más importancia a que se siga practicando el rito, y las primeras que no asocian o minimizan la importancia de los efectos secundarios de la práctica, que (no lo olvidemos) en muchos casos llega a causar la muerte de las mujeres mutiladas en el momento del corte o años después, frecuentemente por complicaciones en el parto.

Pero todas estas aproximaciones son muy racionales, y la aversión que siento contra la ablación muy visceral. Quizá por eso una de las experiencias que más me ha hecho comprender por qué se perpetúa el rito fue el momento en que mi cuñada holandesa me miró con cara de espanto al ver que mi hija recién nacida llevaba pendientes. De acuerdo, las condiciones en que se hacen los agujeros en las orejas a las niñas y las consecuencias que tiene la práctica en su salud no se pueden ni comparar, pero, al fin y al cabo, estamos dando por sentado que es normal “quitar” un trocito de su cuerpo a una niña que aún no puede decidir.

Solo desde la humildad de saber que todos seguimos tradiciones que no nos cuestionamos, y sabiendo que en los contextos multiculturales la preservación de la identidad tiene una importancia capital, podemos llegar a comprender mejor a las mujeres que practican este rito. Desde la comprensión es como trabajamos para hacerles entender que es una agresión a los derechos a la salud, la seguridad y la integridad física y trabajamos con ellas para llegar a erradicar la práctica. Complementariamente, hay que trabajar a nivel legislativo y con los gobiernos estatales y locales para que apoyen la erradicación de esta práctica, e integrar la lucha contra la ablación en otras acciones de protección infantil y defensa de los derechos humanos y de desarrollo de las comunidades. Es importante integrar en la lucha a las personas que practican la ablación y darles alternativas que sean respetuosas con sus tradiciones. Éste es, obviamente, un proceso difícil y lento, pero es el único camino que nos llevará al cambio definitivo.

Más información sobre el trabajo que hacemos de prevención de la ablación en www.stopablacion.org.

nte de 140 millones de mujeres vivan con este estigma.

 

 

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